sábado, 11 de agosto de 2007

El Lamarckismo.

EL LAMARCKISMO

En 1809, Lamarck publicó su obra fundamental, Filosofía Zoológica, y en ella afirma que los seres vivientes poseen una tendencia a desarrollarse y a multiplicar sus órganos y sus formas, dando lugar a que éstos sean cada vez más perfectos.
Según esta teoría, todas las especies vegetales y animales proceden de otras especies anteriores menos desarrolladas y más imperfectas.
En su Filosofía Zoológica expone la primera tentativa de elaboración de una teoría sistemática de la evolución de los organismos vivos, es decir, las tesis que lo convierten en uno de los primeros defensores del evolucionismo. Desde una perspectiva en conjunto deísta, según la cual la Naturaleza constituye una totalidad regulada por leyes establecidas por el Creador, pero que funcionan de modo riguroso y son cognoscibles por la ciencia, Lamarck cree que las especies animales se desarrollan una a partir de la otra, de las más simples a las más complejas. Por ello concibe la evolución de los órganos animales como una reacción y adaptación de los individuos al ambiente, y teoriza la transmisión hereditaria de los caracteres adquiridos favorables a la adaptación al ambiente.
Lamarck pensó siempre en los organismos en relación con su comportamiento en la naturaleza y con los desafíos planteados por los ambientes cambiantes. Rechazó las concepciones catastrofistas admitidas en su tiempo, considerando que «este medio cómodo de explicar las cosas no tiene otro fundamento que el imaginativo que lo ha creado y que no puede apoyarse en ninguna prueba». «¿Por qué suponer –decía– sin pruebas una o varias catástrofes universales, cuando la marcha de la Naturaleza basta para explicar los hechos que observamos en todas sus partes?».
Contra el fijismo aducía que, si las especies hubieran sido fijadas en la Creación y se mantuviesen estáticas desde siempre, no podrían sobrevivir a los cambios medioambientales. Por tanto, deberían adaptarse constantemente, aunque cambiaran poco en apariencia. Lamarck accedió a la hipótesis transformista al tratar de encontrar una respuesta al problema de la extinción de las especies. Al comparar las ostras fósiles de su colección con otros ejemplares modernos, llegó a la conclusión de que unas habían evolucionado hasta transformarse en las otras. En realidad, las antiguas especies no se habían extinguido, sino que sólo se habrían modificado hasta convertirse en las actuales. Más adelante consideró el desarrollo –evolución– de la vida como un proceso lento, suave y gradual, planteamiento que prefigura el gradualismo darwinista.
Lamarck recoge en su obra la idea aristotélica de la gran cadena de seres u ordenación lineal de los distintos grupos de organismos.
El tiempo y las circunstancias favorables constituyen los dos principales medios que emplea la naturaleza para dar la existencia a todas sus perfecciones. La causa de la progresión perfectiva que observamos en la naturaleza es la influencia que ejercen las “circunstancias de habitación” y “la de los hábitos contraídos”. La relación entre estos dos tipos de causas es antagónica, puesto que las influencias exteriores vienen a perturbar la tendencia espontánea de la naturaleza a la regularidad. Lamarck insiste en la variablidad de los seres vivos. Como causas de estas variaciones propone el tiempo y las circunstancias, los cuales influyen sobre los hábitos, modificándolos. Éstos, a su vez, modifican los actos, lo que determina, a la postre, un cambio de órganos.
Grandes cambios en las circunstancias producen en los animales grandes cambios en sus necesidades, y tales cambios en ellas las producen necesariamente en las aciones. Luego, si las nuevas necesidades llegan a ser constantes o muy durables, los animales adquieren entonces nuevos hábitos, que son tan durables como las necesidades que los han hecho nacer (Lamarck, Filosofía Zoológica, pp. 167-168)
Al decir que «las circunstancias influyen sobre la forma y organización de los animales», Lamarck no afirma que el medio actúe directamente sobre el organismo, sino que hace al organismo modificarse por sí mismo para adaptarse al medio. Aunque con frecuencia se piensa que la inducción de variaciones por influencia directa del medio ambiente fue postulada por Lamarck, en realidad se trata de una hipótesis de Geoffrey Saint-Hilaire que Lamarck siempre rechazó. La influencia indirecta del medio sobre el organismo que evoluciona fue establecida por Lamarck:
Ciertamente, si se tomasen estas expresiones al pie de la letra, se me atribuiría un error, porque cualesquiera que puedan ser las circunstancias, no operan directamente sobre la forma y sobre la organización de los animales ninguna modificación (o.c., p. 167)
Por otra parte están los hábitos. Los hábitos son lo que explica la reacción por medio de la cual el viviente cambia de forma para adaptarse a las nuevas situaciones en las que se encuentra sumido, de acuerdo con la ley de uso y desuso. La necesidad que tienen los seres de adaptarse a su medio les hace adoptar nuevos hábitos de comportamiento. Esos hábitos comportamentales determinan, a su vez, modificaciones morfológicas, porque un órgano se desarrolla, se atrofia, se desplaza o desaparece en proporción al uso que se haga de él. Es lo que Lamarck denomina “ley de uso y desuso” que implica que todo órgano que no se utiliza, se atrofia, mientras que el que se utiliza, se fortalece:
En todo animal que no traspasado el término de sus desarrollos, el uso frecuente y sostenido de un órgano cualquiera lo fortifica poco a poco, dándole una potencia proporcionada a la duración de este uso, mientras que el desuso constante de tal órgano le debilita y hasta le hace desaparecer (o.c., p. 175)
Es la función la que produce el órgano, lo transforma, lo fortalece o lo atrofia, según el pensamiento lamarckista. Y es el organismo el que evoluciona en su esfuerzo por adaptarse al medio en el que vive. La teoría de Lamarck se puede resumir en la siguiente frase: “Un cambio de las circunstancias induce un cambio de los hábitos; éste, a su vez, determina un cambio de los actos, lo que conduce finalmente a un cambio de los órganos. Junto a esta frase tenemos las siguientes dos “leyes” o “hipótesis”:
1. la necesidad crea el órgano necesario; el uso lo robustece y aumenta. La falta de uso determina la atrofia y la desaparición del órgano inútil.
2. el carácter adquirido por la acción del ambiente se transmite por la generación. El carácter adquirido es así pues hereditario
Para ilustrar su teoría el propio Lamarck propuso algunos ejemplos de variaciones animales, a saber: los topos, que pasan casi toda su vida bajo tierra y sin luz, apenas utilizan el sentido de la vista y, en consecuencia, casi la han perdido debido a que sus ojos son diminutos y están profundamente hundidos.
La jirafa se alimenta del follaje de los árboles, todo su cuerpo “tiende hacia arriba”, por lo que se le han alargado el cuello y las patas delanteras. Los patos, las ocas y los animales palmípedos, que tienen a vivir en lugares con abundancia de agua, han desarrollado en las patas una membrana interdigital que les facilita la natación.
El concepto de herencia constituye la clave de la teoría lamarckiana. No basta con que surjan variaciones en los individuos para que se produzcan modificaciones en las especies, es necesario, además, que estas variaciones individuales sean heredadas por sus descendientes. En este sentido, la evolución para este científico posee un carácter finalista, es decir, según él, en el proceso evolutivo van surgiendo cada vez especies mejor dotadas, más desarrolladas, más perfectas
El mutacionismo y la posición actual
Según la teoría de Darwin, todas las especies existentes tienen un origen común; a partir de este origen común, y mediante un proceso gradual regido por la selección natural, las especies han ido evolucionando (apareciendo unas y desapareciendo otras) hasta la situación actual. En todo este proceso hay dos factores clave: la selección natural y la herencia. La teoría de Darwin necesita explicar cómo es posible que los caracteres adquiridos se transfieran de unos individuos a otros y cómo se realiza esta transmisión. Una vez explicado esto, es la selección natural la encargada de seleccionar aquellos caracteres que son favorables y de rechazar aquellos que no lo son.
Uno de los problemas del darwinismo es que era incapaz de explicar cómo se transmitían los caracteres adquiridos de una generación a otra. Fue G. H. Mendel quien, finalmente, logró dar una explicación de la transmisión de la herencia. Mendel, tras una larga serie de experimentos con guisantes, formuló las leyes de la herencia (hoy conocidas como leyes de Mendel). Estas leyes son tres:
Ley de la uniformidad de los mestizos de la primera generación filial. Si cruzamos dos razas puras con respecto a un determinado carácter –es decir, que difieren entre sí con respecto a ese carácter–, los descendientes de la primera generación son todos iguales con respecto a ese carácter. Si se cruzan, por ejemplo, dos razas puras de guisantes con flores rojas y blancas, respectivamente, el resultado será que todas las plantas de la generación filial tendrán todas sus flores de color rojo. Esto se explica porque el color rojo de las flores del guisante es dominante sobre el color blanco, en este caso (principio de la dominancia).
Ley de la disyunción de los alelos. Los genes alelos procedentes del padre y de la madre están juntos en los híbridos, pero se pueden separar en la generación siguiente. Esto significa que la descendencia obtenida por autofecundación de los híbridos no es uniforme, sino que en ella aparecen individuos que presentan el carácter dominante e individuos que ostentan el recesivo, en la proporción de tres a uno (principio de la segregación).
Ley de la herencia independiente de los caracteres. Cada uno de los caracteres hereditarios se transmite a los descendientes con absoluta independencia de los demás, como si éstos no existiesen. Para demostrarla, Mendel cruzó dos variedades de guisante que diferían en dos caracteres: forma de la semilla y color de los cotiledones. La descendencia resultante de la unión de estos gametos presentó las siguientes proporciones: semilla lisa y cotiledón amarillo 9:16, semilla rugosa y cotiledón amarillo 3:16, semilla lisa y cotiledón verde 3:16 y semilla rugosa y cotiledón verde 1:16. Lo que confirma que los factores que determinan cada carácter se transmiten de modo completamente independiente (principio de la recombinación).
Ahora bien, las leyes de la herencia sólo nos dicen cómo se transmiten los caracteres desde los padres hasta los descendientes; pero no nos dicen cómo cambian. Para explicar el cambio de estos caracteres y, por tanto, la posibilidad de que aparezcan caracteres nuevos es necesario un concepto nuevo. Este es el concepto de mutación. Por mutación se entiende cualquier cambio en el material genético, heredable y detectable, no atribuible a segregación o recombinación, que se transmite a las células o individuos mutantes. La mutación puede afectar a células somáticas, con lo que todas las células descendientes de éstas la llevarán, pero la mutación muere con el individuo; y puede ocurrir en una o más células germinales, que tienen capacidad de reproducir un organismo completo, con lo que es probable que algún descendiente lleve el gen mutado, perpetuándose la mutación. Es evidente que es este último tipo de mutación el que tiene que ver con la evolución.
El concepto de mutación, tal y como se lo entiende hoy, fue introducido por el holandés Hugo de Vries. De Vries sustituyó la noción de variación continua darwiniana por la de variación discontinua o mutación. Según dicha concepción, en los seres vivos se pueden distinguir dos clases de variaciones: unas llamadas modificaciones, debidas a factores medioambientales; y otras, denominadas mutaciones, que poseen un origen más complejo y que ocasionan perturbaciones genéticas. Las primeras no se transmiten y, por tanto, no desempeñan ningún papel en la evolución; las segundas, actuando sobre las células germinales, provocan cambios que se transmiten y originan las variaciones de las especies.
Según el neodarwinismo sintético –la teoría actualmente más extendida sobre la evolución– la selección no actúa sobre genes individuales cuando son creados por mutación, sino sobre un conjunto de genes que constituyen el fondo de varibilidad de la especie, constantemente reaprovisionado mediante mutación y recombinación genética.
Según Haldane la selección natural por sí sola puede producir cambios considerables en una población heterogénea, pero es la mutación la que proporciona el material sobre el que actúa la selección. Las diferencias entre especies son de la misma naturaleza que las diferencias entre variedades. Éstas se deben en general a unos pocos genes y aquéllas afectan normalmente a un número muy grande. Gracias a la selección natural se van acumulando las variaciones favorables hasta llegar a constituir diferencias de grado específico. Otras veces, la especie puede surgir bruscamente, pero siempre debe pasar ante el tribunal de la selección.
La teoría sintética, aun cuando procede de Darwin y utiliza las mismas expresiones darwinistas, ha cambiado, de hecho, el significado de casi todas las palabras, de tal manera que lo que resulta es considerablemente distinto de lo que Darwin propuso.
1. “Variación debida al azar”. Darwin pensaba en la variación fenotípica. Con la misma expresión, los neodarwinistas significan variación genotípica o mutación.
2. “Supervivencia del más apto”. Darwin argumentaba como si realmente tomase “supervivencia” en el sentido que un organismo vive durante un largo período, y la expresión “el más apto” para significar “el más capaz de llevar a cabo las transacciones ordinarias de la vida”, tales como correr, recoger alimento, etc. El significado que los neodarwinistas confieren a estos términos es, por completo, diferente. Sustituyen “supervivencia” por “reproducción”; y con “el más apto” significan “el más eficaz en contribuir con sus gametos a la siguiente generación”. Así, toda consideración de habilidad para llevar a cabo los asuntos ordinarios de la vida ha desaparecido en la teoría neodarwinista, siendo enteramente reemplazado por el concepto de eficacia para la reproducción.
El quid quaestionis de las teorías darwinistas es la selección natural o la “supervivencia del más apto”, la idea de que las especies pueden surgir por la diferente supervivencia de las criaturas en su lucha por la existencia. La apreciación no era original de Darwin, sino que la sugirió Malthus, para quien el crecimiento de las poblaciones orgánicas en proporción geométrica y el de los medios de subsistencia en proporción aritmética obliga a las especies a una lucha por la existencia, tanto entre individuos de la misma especie, como entre especies del mismo género. En esta lucha sobreviven solamente los más aptos, los que exhiben variaciones favorables. La preservación de las variaciones y diferencias individuales favorables es obra de la selección natural.
La selección natural escoge automáticamente las mutaciones y combinaciones de genes que favorecen a sus poseedores en la competición por la supervivencia, y durante el transcurso de unas generaciones las incluye en la constitución hereditaria de la especie. En consecuencia, los organismos van mejorando paulatinamente y quedan mejor reajustados a las condiciones de su vida (J.S. Huxley, Evolution in action, Harper, Nueva York, 1953, p. 31)
Si esto es así, al cabo de muchas generaciones, los caracteres con éxito aumentarán, mientras que los ineficaces desaparecerán y, con suficiente tiempo, la población se habrá modificado en respuesta a un medio ambiente cambiante. En esto radica la denominada selección natural que conduce, de este modo, a la formación de nuevas especies. La selección aparece, en síntesis, como resultado lógico de tres hechos básicos de la vida:
Superpoblación: los animales y las plantas tienden a producir más descendientes que los que pueden sobrevivir. La superpoblación entraña mortalidad.
Variabilidad: en toda especie existe diversidad de estructura y función corporal. Hay diferencias de caracteres más o menos triviales, como el color de los ojos o del pelo, pero existen también diferencias importantes, hasta el punto de que podrían condicionar la supervivencia, como la agudeza visual en algunas especies.
Herencia: muchos caracteres del individuo pasan a su descendencia por transmisión genética. De hecho, se considera que la mayoría de los caracteres están supeditados a la Genética en mayor o menor extensión.
Estos tres factores interrelacionados dan como resultado la selección natural. Ahora bien, la selección no es el único integrante del proceso evolutivo. Según la teoría sintética, la selección natural y la mutación son conjuntamente responsables del proceso que ha llevado los organismos primitivos a los organismos complejos de hoy día.
Las mutaciones ejercen un papel secundario, pero coadyuvante. Aparecen de manera aleatoria, independientemente de que sean ventajosas o no a sus poseedores, aunque su carácter azaroso está contrarrestado por la selección natural, que preserva y multiplica las mutaciones útiles y elimina las dañinas. Ambos elementos, selección y mutación, se concitan y coimplican en el fenómeno evolutivo, son ingredientes necesarios de la evolución, según la teoría sintética: sin mutaciones, la evolución no podría acaecer, puesto que no habría variantes que la selección pudiera escoger; pero, sin la selección, el proceso aleatorio de la mutación llevaría a la desorganización y a la extinción, puesto que, por ser aleatorias, la mayoría de las mutaciones son desfavorables. La selección natural se constituye, por tanto, como un proceso determinístico, capaz de engendrar el orden que se aprecia en la naturaleza, conservando y transmitiendo las mutaciones favorables. Como éstas son pocas y muy pequeñas, hace falta que transcurran enormes períodos de tiempo para que lleguen a producirse cambios notables en las especies.
Del reino del fijismo a la aparición de un transformismo parcial
A partir de Ray, y sobre todo de Linneo, tendía a imponerse una concepción fijista que veía en cada una de las especies una entidad inmutable. “Nunca – había dicho Ray – nace una especie de la semilla de otra especie”. Y en sus Fundamentos de Botánica, Linneo declaró que la naturaleza cuenta con tantas especies como fueron creadas desde el origen.
Este fijismo reinaría en Biología durante más de un siglo, y prestaría valiosísimos servicios al eliminar el transformismo ingenuo y grosero de las edades anteriores. En vez de ser un obstáculo para los progresos de la ciencia, correspondía a una exigencia cada vez mayor de los conocimientos y, sobre todo, a una necesidad de referencia ante la confusión formal.
Mas por fundado que fuera en su conjunto, el fijismo no podía evitar algunas dificultades reales, pues, por lo menos en el interior de una especie, los observadores atentos registraban variaciones que les parecían explicables.
Por ello, incluso los grandes teóricos del fijismo creyeron que tenían que reservar un lugar a ciertas excepciones. Muy ocasionalmente, pensaba Ray, pueden producirse “degeneraciones” de la especie, y algunas de ellas podían ser, por ejemplo, capaces de hacer derivar una col ordinaria de una coliflor.
En cuanto a Linneo, si bien atribuía a la sabiduría soberana del Todopoderoso las diferencias reales, “serias”, entre las plantas, estimaba, empero, que la Naturaleza puede producir ciertas diferencias accesorias, especie de monstruosidades destinadas a desaparecer, mientras que las especies originales durarán eternamente.
Desde 1742, fecha en la cual un estudiante le presentó una linaria que no logró determinar, Linneo concedió aún más campo a la variabilidad de las especies. Ni siquiera rechazará la “sorprendente” conclusión de que en el reino vegetal pueden surgir nuevas especies e incluso nuevos géneros permanentes, ya sea por variación brusca, ya por el juego de la hibridación, lo cual conmovía hasta cierto punto las bases mismas de la Botánica, al rebajar las “barreras naturales”.
Algunos decenios antes, J. Marchant había descubierto en su jardín dos especies de mercurial que no conocía y que diferían de la especie típica por la disposición y los bordes de las hojas; dado que esas nuevas formas, una vez aparecidas, se mantuvieron constantes, Marchant no dudó que había asistido al nacimiento de nuevas formas, y se consideró autorizado a proponer la siguiente hipótesis:
Por esta observación podría, pues, sospecharse que la Omnipotencia, habiendo creado una vez individuos de plantas como modelos de cada género, hechos con todas las estructuras y caracteres imaginables, esos modelos, digo, o cabezas de cada género, al perpetuarse, habrían producido, finalmente, unas variedades, entre las cuales, las que han permanecido constantes y permanentes han constituido especies que, con la sucesión del tiempo y de la misma manera, han dado origen a otras producciones diferentes, que han multiplicado tanto la Botánica en algunos géneros, pues consta que se conocen hoy en algunos géneros de plantas hasta cien, ciento cincuenta e incluso más de doscientas especies distintas y constantes pertenecientes a un sólo género de plantas (“Observations sur la nature des plantes”, Mém. de l’Ac. roy. des Sciences, 1719)
También, pues, Marchant adoptaba un transformismo parcial, limitado a la descendencia de un mismo género.
Una opinión bastante análoga se encuentra en Duchesne, el cual vio nacer una nueva especie de fresa a partir de la ordinaria. ¿Se trataba, en realidad, de una nueva especie? Y en tal caso, ¿cuantas variedades había en los demás géneros que debieran considerarse como especies? Consideró que todos los fresales conocidos procedían de una misma raíz original, y llegó a esbozar una génesis de esas especies, señalando que “el orden genealógico es el único que indica la naturaleza, el único que satisface plenamente el espíritu; todo otro orden es arbitrario y vacío de ideas”.
Adamson se pronunció claramente contra la fijeza absoluta de la especie; pretendía conocer cuatro producciones de especies nuevas, tres de las cuales, sobre todo, eran “muy notables, muy seguras y observadas por viejos botánicos acostumbrados a ver bien”. Según él, esos cambios más o menos duraderos procederían de la acción de las condiciones exteriores: cultivo, clima, etc.
FIJISMO
La Teoría de la Evolución, tiene que enfrentarse a la concepción dominante que interpreta literalmente el relato bíblico de la Creación (XVIII) Según el “Génesis” todas las especies animales y vegetales fueron creadas por Dios en su forma definitiva. Los animales fueron salvados del Diluvio Universal en el arca de Noé lo que determinó el número de especies que se salvarían.
Hasta finales del XVIII se consideraba incuestionable el hecho de que Dios había creado el mundo con sus mares, plantas, animales y al hombre para que reinara sobre todas las cosas. También se creía con toda simpleza que el mundo no había cambiado desde su creación.
Representantes del fijismo
• Linne: “existen tantas especies como Dios ha creado”. Realiza un sistema de clasificación de plantas según su polinización y su fructificación, y con este sistema establece relaciones de parentesco, de forma inconsciente.
• Cuvier: “¿cómo unas especies sustituyen a otras? ¿Cómo se explica la aparición y desaparición de especies?” Con la creación continua ya que, hubo una serie de cataclismos geológicos que destruyeron a muchas especies y cada vez que esto ocurría, Dios creaba otras nuevas.
# Hay una excepción dentro de la norma del fijismo que habla de los no cambios de las especies: sabandijas, anguilas, ranas, bacterias, larvas, gusanos y ratas, aparecen por generación espontánea, de la suciedad y la podredumbre.
CONCLUSIONES
• Mientras el cristianismo domina el mundo del saber se sostiene una postura fijista.
• El fijismo dice que las criaturas conservan la misma forma con la que fueron creadas por Dios y que no hay cambio en la naturaleza.
• Esto suponer aceptar explicaciones de carácter mítico, que no tiene en cuanta los datos empíricos o sólo tiene en cuenta los que apoyan su hipótesis.
• Es la voluntad divina la que explica la naturaleza.
• No es capaz de explicar las ramificaciones en las especies.

Fuente: ídem. p.p. 309-316.
MESOGRAFÍA

7 comentarios:

Anónimo dijo...

vaya una mierda qe escribes eres el che o ers tonto . de parte de tu amigo español juan el pistolero`el sheriff de los cataguas´

Anónimo dijo...

jaja me sirve pa mi trabajo te hago un copiar pegar GRACIAS friky

Anónimo dijo...

jaja me sirve pa mi trabajo te hago un copiar pegar GRACIAS friky

Anónimo dijo...

ke mierda es esta eres mas tonto k un zapato xaval.k xico...juasssss juassssssss.

Anónimo dijo...

eres mu feo y tu trabajo aburrido

Anónimo dijo...

No les hagas caso, es un buen trabajo. Enhorabuena.

Anónimo dijo...

Si en serio, no les hagas caso, que buen trabajo informativo, síguelos haciendo, son de mucha ayuda