sábado, 11 de agosto de 2007

Imre Lakatos.

IMRE LAKATOS

Imre Lakatos (1922-1974) nació en Hungría, en donde estudió física y astronomía; sin embargo, durante las purgas estalinistas de 1950 fue detenido y pasó seis años en la cárcel, de la que finalmente escapó a Inglaterra, en donde vivió el resto de su vida. En la Universidad de Cambridge obtuvo un segundo doctorado en filosofía de la ciencia; en Londres fue discípulo de Popper y su sucesor, al retirarse éste de su cátedra de lógica y método científico en la Escuela de Economía de Londres. Lakatos murió a los 52 años de edad en Londres.

La diferencia principal entre las posturas filosóficas de Popper y Lakatos es que mientras el primero representa a la ciencia como una pelea entre dos contendientes, una teoría y un experimento, y considera que el único resultado valioso es la falsificación de la teoría, el segundo sostiene que la ciencia se parece más a un pleito entre tres contendientes, dos teorías y un experimento, y que el resultado interesante es con mayor frecuencia la confirmación de una de las teorías y no su falsificación. Según Lakatos, la historia de la ciencia no se parece mucho al esquema de Popper y en cambio se asemeja más a su propio modelo (que enunciaremos en un momento); en efecto, el estudio histórico revela que cuando falla alguna o algunas de las predicciones derivadas de una teoría, ésta no se ha eliminado sino que se ha conservado mientras se afinan las observaciones realizadas y se llevan a cabo otras más. En páginas anteriores señalamos que tales situaciones se conocen como anomalías y que, lejos de constituir excepciones, son más bien la regla. De hecho, no conviene eliminar una teoría en cuanto aparece la primera experiencia que la contradice, en vista de que una teoría (aun plagada con anomalías) es mejor que no tener ninguna teoría. Con esta base, Lakatos propone que sólo debe rechazarse una teoría T, cuando se llenen los siguientes requisitos:

1) Otra teoría T' encierra mayor contenido empirico que T, o sea que predice hechos nuevos no anticipados por, o hasta incompatibles con, T.
2) T' explica todo lo que explicaba T.
3) Parte del exceso de contenido de T', sobre T se confirma.

Imre Lakatos (1922-1974).

Es claro que mientras una teoría científica tenga algo a su favor no conviene eliminarla hasta que se posea una teoría mejor; de hecho, debe dársele un tiempo para que se modifique de manera de poderse enfrentar mejor a las anomalías que la afectan. Sobre esta base Lakatos propone que el punto de comparación no deben ser teorías aisladas sino más bien conjuntos de teorías, generados por modificaciones sucesivas de sus predecesores, que de todos modos se conservan. A estos conjuntos de teorías afines Lakatos los denomina "programas científicos de investigación".

Para un morfólogo, el esquema general de Lakatos es particularmente atractivo, porque postula una estructura casi tridimensional para sus "programas científicos de investigación". En efecto, cada uno de esos programas está formado por tres capas concéntricas de entidades dialécticas: 1) el núcleo central, que reúne los supuestos básicos y esenciales del programa, o sea todo aquello que es fundamental para su existencia; 2) este núcleo central está celosamente protegido de las peligrosas avanzadas de la falsificación por un cinturón protector llamadoheurístico negativo, un principio metodológico que estipula que los componentes del núcleo central no deben abandonarse a pesar de las anomalías, constituido por múltiples elementos variables, como hipótesis auxiliares, hipótesis observacionales, diferentes condiciones experimentales, etc.; 3) la capa más externa del programa científico de investigación se conoce como heurístico positivo y está representada por directivas generales para explicar fenómenos ya conocidos o para predecir nuevos fenómenos.

Naturalmente, existe una jerarquía de acceso a los tres niveles estructurales de los Programas lakatosianos de investigación. La confrontación inicial de la teoría científica (cualquiera que ésta sea) con nuevos datos experimentales ocurre primero con la periferia conceptual del sistema y sólo tiene tres opciones: 1) está de acuerdo con los principales hechos de observasión conocidos y anticipados, en cuyo caso se refuerza el núcleo central del programa; 2) registra diferencias no explicables con el sistema, pero solamente al nivel del cinturón protector o heurístico positivo, que es fácilmente modificable para incorporar los nuevos datos sin que el núcleo central se afecte; 3) presenta información que afecta gravemente la vigencia central del sistema, al grado de amenazar (y algunas veces hasta lograr) cambiarlo por otro núcleo diferente.

Lakatos propone que sólo existen dos clases de programas científicos de investigación, los progresistas y los degenerados. La manera de distinguir entre estas dos clases es, en sus propias palabras, la siguiente:

Se dice que un programa de investigación es progresista siempre que su crecimiento teórico anticipe su crecimiento empírico, o sea, mientras continúe prediciendo hechos nuevos con cierto éxito ("cambio progresivo del problema"); se considera que el programa está estancado cuando su crecimiento teórico está rezagado en relación con su crecimiento empírico, o sea, mientras sólo ofrezca explicaciones post hoc, sea de descubrimientos accidentales o de hechos predichos por otro programa rival ("cambio degenerativo del programa"). Cuando un programa de investigación explica progresivamente más que otro rival, lo supera, y entonces el rival puede eliminarse (o, si se prefiere, almacenarse).

Frontispicio del libro The Methology of Scientific Research Programmes, una colección de ensayo de Imre Lakatos, publicado en 1975.

Los críticos de Lakatos lo han atacado a muy distintos niveles: por ejemplo, no hay nada en el modelo de los programas de investigación científica que permita identificar a los componentes del núcleo central dentro de la maraña de teorías que se manejan en un momento dado sobre un tema específico; tampoco es posible sostener que el núcleo central permanece inalterado, aun cuando el programa se encuentre en una etapa progresiva, pues en cualquier época uno o más investigadores pueden estar cuestionando alguna o algunas de sus partes fundamentales. Todavía más problemático resulta el cinturón heurístico positivo, no sólo por lo impreciso de su contenido sino por lo improbable de contar con una predicción razonable de las dificultades o anomalías que pueden surgir en el futuro para las teorías del núcleo central. Lakatos señala:

[...] El heurístico positivo define problemas, delimita la construcción de un cinturón de hipótesis auxiliares, previene anomalías y las transforma con éxito en ejemplos, lodo esto bajo un plan preconcebido.

Sin embargo, es muy poco creíble que una de las características de las buenas teorías es que se presenten acompañadas por este tipo de sistema de alarma anticipada. Lo natural es que la respuesta a las anomalías, sea empírica o conceptual, surja después que ellas y no antes; de otro modo se estarían invirtiendo recursos intelectuales de la manera más colosalmente ineficiente, al intentar formular por adelantado la forma de responder a todas las anomalías teóricamente posibles.

Lakatos propone usar su esquema de programas de investigación científica para distinguir a la ciencia de otras actividades que pretenden serlo y no lo son, para distinguir entre programas progresivos y degenerados, y para explicar el crecimiento de la ciencia.

En relación con el primer punto, tanto Popper como Lakatos consideran de vital importancia la demarcación entre lo que es ciencia y lo que no es, o sea la seudociencia.

Como ya hemos mencionado, Popper usa como ejemplos de seudociencia al psicoanálisis y a la teoría marxista de la historia, mientras que Lakatos afirma:

El problema de la demarcación entre ciencia y seudociencia tiene graves implicaciones también para la institucionalización de la crítica. La teoría de Copérnico fue prohibida por la Iglesia católica en 1616 porque la consideró como seudocientífica. Se eliminó del índice en 1820 porque en esa época la Iglesia consideró que los hechos la habían demostrado y por lo tanto era científica. El Comité Central del Partido Comunista Soviético declaró en 1949 que la genética mendeliana era seudocientífica y basado en ello asesinó en campos de concentración a sus partidarios, como el académico Vavilov; después de la muerte de Vavilov, la genética mendeliana fue rehabilitada, aunque el derecho del Partido para decidir qué es científico y publicable y qué es seudocientífico y castigable se sostuvo. En Occidente, el nuevo establishment liberal se reserva el derecho de negarle libre expresión a lo que considera seudociencia, como lo hemos visto en el caso del debate sobre raza e inteligencia. Todos estos juicios se basaron, inevitablemente, en algún tipo de criterio de demarcación. Esto es porque el problema de la demarcación entre ciencia y setidociencia no es un seudoproblema de los filósofos de sillón, sino que tiene graves implicaciones éticas y políticas.

Ésta es una postura valiente, expresada por alguien que tuvo una experiencia personal dolorosa al respecto; quizá por eso conviene verla un poco más de cerca. ¿De veras creemos que la teoría de Copérnico fue condenada porque era seudocientífica, o más bien porque amenazaba a la autoridad de la Iglesia? Una vez identificada como amenaza a la verdad de las Sagradas Escrituras (a las que contradecía) se le colocó el marbete de "seudocientífica" parajustificar la condena. Lo mismo ocurrió con la genética mendeliana, que en un momento dado representó una amenaza para la carrera política de un grupo en la URSS y por lo tanto fue bautizada como "seudocientífica"; naturalmente, también se le denominó "desviacionista", "burguesa" y "capitalista". Respecto al debate sobre raza e inteligencia, los ecos que nos llegaron a México de esa controversia en el vecino país del Norte sugieren lo opuesto a una negativa a la libre expresión, ya que se trató de un escándalo mayúsculo sobre un problema científico relativamente simple pero con implicaciones políticas y sociales de alcance incalculable en un país crónicamente agobiado por la discriminación racial.

Los programas de investigación científica de Lakatos también deben servirnos, según su autor, para decidir sobre la aceptación de unas teorías sobre otras; las consecuencias de tal decisión no son inocentes, pues los programas de investigación científica degenerados no deben recibir apoyo económico de fundaciones o agencias, los artículos surgidos de ellos deben ser rechazados por las revistas especializadas, etc., en vista de que se trata de programas superados. Esto se justificaría si Lakatos hubiera ofrecido criterios adecuados para distinguir los programas progresivos de los degenerados. Pero según sus propias postulaciones esto no es posible porque hasta algunos programas que finalmente resultan altamente progresivos pueden pasar por épocas degenerativas de duración variable; Lakatos comenta que es racional trabajar en un programa degenerado con la esperanza de que su fortuna cambie.

En relación directa con el método científico, Lakatos escribe:

Existen varias metodologías flotando en la filosofía de la ciencia contemporánea, todas ellas muy diferentes de lo que se entendía por "metodología" en el siglo XVII y hasta en el XVIII. Entonces se esperaba que la metodología les proporcionara a los científicos un libro de recetas mecánicas para resolver problemas. Hoy ya se ha abandonado tal esperanza: las metodologías modernas o "lógicas del descubrimiento" consisten simplemente en un grupo de reglas (posiblemente no muy coherentes y mucho menos mecánicas) para la apreciación de teorías ya establecidas y articuladas... Estas reglas tienen una doble función: en primer lugar, sirven como un código de honestidad científica, cuya violación es intolerable; en segundo lugar, representar) la esencia de programas de investigación historiográfica normativa.

En otras palabras, la búsqueda de una metodología científica satisfactoria no es para contestar a la pregunta ¿cómo se hace la ciencia?, sino para establecer cómo debería hacerse y para investigar históricamente si así se ha hecho, cuándo y por quién. En mi opinión, no existe razón alguna en contra de que se estudie, tan extensa y profundamente como sea posible, la manera como se han hecho en el pasado todas las ciencias; al mismo tiempo, aplaudo la sugestión de Lakatos de que sería muy útil establecer cómo debería trabajarse en las diferentes ciencias. Pero su esquema de los programas de investigación científica no parece estar diseñado para comprender a la ciencia de hoy, la que hacemos los que nos dedicamos a ella. Lakatos analiza la historia y pretende obtener de ella lecciones para el futuro; de lo que ocurre en nuestros días con la investigación científica, no tiene nada que decirnos.

Antes de abandonar a Lakatos, veamos por un momento cómo difiere su esquema de los programas de investigación, del método hipotético-deductivo de Popper, del que se deriva y al que pretende superar. Para ambos métodos el objetivo de la ciencia no es alcanzar la verdad sino aumentar la verosimilitud. Para Popper la unidad funcional es la teoría, mientras que para Lakatos es un conjunto de teorías organizado en un núcleo central y rodeado por los cinturones heurísticos positivo y negativo (o sea un programa de investigación científica). Para Popper, los experimentos cruciales son importantes porque falsifican a las teorías, mientras que para Lakatos son irrelevantes en vista de que siempre se puede modificar el cinturón heurístico negativo sin afectar a la teoría. Tanto Popper como Lakatos están de acuerdo en que las distintas teorías deben compararse por su aumento en contenido y su corroboración, y ambos enfrentan el mismo problema de cómo medirlo. Finalmente, los dos filósofos se interesan en la metodología científica pero mientras Popper pretende decirnos cómo se hace o debería hacerse hoy la ciencia, Lakatos escudriña el pasado para sugerir cómo deberá hacerse la ciencia en el futuro.
Fuente: ídem. p.p. 448-451.
MESOGRAFÍA

1 comentario:

luicale0458@gmail.com dijo...

Excelente trabajo. Saludos desde Panamá.