sábado, 11 de agosto de 2007

Tesis sobre la diferencia entre ciencias humanas y naturales

TESIS SOBRE LA DIFERENCIA ENTRE LAS CIENCIAS HUMANAS Y NATURALES EN LA FILOSOFÍA HERMENÉUTICA Y EN LA FILOSOFÍA ANALÍTICA
por Claudio Martyniuk (*)


i) El trasfondo filosófico de la problemática es, aún, el debate entre la Ilustración y el Romanticismo

Trazando un cuadro del tradicional debate se pueden reconocer dos extremos (1. y 4. ) y, entre ellos, dos desarrollos críticos (2. y 3.):

1. Fe en la razón: en una estructura lógicamente conectada de leyes y generalizaciones susceptibles de demostración, verificación o refutación; en la identidad de la humanidad y en la posibilidad de alcanzar fines universales; en el poder de la razón para asegurar el progreso.

2. Crítica de Hume: la creencia, verdadero fundamento de nuestro conocimiento; creemos en los objetos, en la identidad a través del tiempo; la creencia no es un producto de la inteligencia y, por ello, no se la puede causar.

3. Crítica de Kant: Ilustración como autonomía de la razón, saber público y comprobable; filosofía: espacio epistemológico, crítica de conceptos y categorías; razón teórica y práctica, propias de un espíritu socrático.

4. Romanticismo:- Johann Georg Hamann, Herder: la filosofía, la razón generando un mundo completo de problemas que resulta tan vano resolverlos como lo fue inventarlos; universalismo ahogando a la subjetividad; espíritu dionisíaco.

ii) Unidad del conocimiento y dualismo antinaturalista

Las dos posturas extremas, Ilustración y Romanticismo, se pueden reconstruir como debilitadas e impuras en el desarrollo del conocimiento social, el cual estaría dividido en dos posiciones propias del siglo pasado y principios del presente, que -siguiendo a Popper- podríamos llamar:

1. Pronatunalismo, el cual, a fin de ampliar la unidad del saber a la sociedad y los hombres, está reducido a la perspectiva del observador. La observación está, así, dirigida a objetos y sucesos o estados; y el sentido no es un concepto teorético básico. Tiene un ilustrado acento positivista -en la tradición de i) 1. y 2-.

2. Antinaturalismo que, contrario al reduccionismo fisicalista, incluye una reflexión hermenéutica y se hace de la problemática de la comprensión. Excluye el éxito de los programas naturalistas. Considera a la comprensión como dirigida al sentido de las manifestaciones simbólicas y, por ello, requiere actitud participativa del observador.

Trae cierta critica al desencantamiento que acompaña a la racionalidad moderna -en la tradiciòn de i) 3. y 4..

Ambas posturas descansan en argumentos aprioristas y justifican programas y estrategias de investigación.

iii) Nuevo dualismo: imagen científica y saber manifiesto

La unidad racional del cielo y de la tierra, de la naturaleza, fue lograda a costa de la exclusión de los valores, significaciones e intenciones propias de los fenómenos culturales y subjetivos (cfme. reconstrucción histórica de A. Koyré, y lógica de L. Wittgenstein en su “Tractatus”).

Las teorías físicas aprehenden a la estructura que subyace a la realidad fenoménica. El conocimiento social debería hacer lo propio (ver ii.- 1.). Esto da lugar a un dualismo:

Imagen científica, objetiva, vs. imagen manifiesta del hombre en el mundo, subjetiva.

La unidad de la ciencia tal como es predicada por el Círculo de Viena se complementa en el escepticismo valorativo.

Historia de la física como historia de la desocialización de las ideas sobre la naturaleza. Historia de las ciencias sociales ¿sería la historia de la deshumanización de las ideas sobre la sociedad? De esta forma, se podría entender al pronaturalismo alimentando reacciones románticas.

iv) Filosofías analíticas

1. Tributaria del neopositivismo, su principal influencia, donde primaba una visión monista de la ciencia (unidad de la ciencia por encima de la diversidad de objetos temáticos; y ciencias fisico-naturales como canon de desarrollo científico). Como heredera del atomismo de B. Russell y del primer Wittgenstein, tiene profundo interés por los fundamentos de las. matemáticas y de las ciencias naturales; secundariamente lo tiene por la historia y la conducta. Se predica una sociología en lenguaje fisicalista.

Se desarrolla el modelo de cobertura legal o explicación por subsunción, nomológico deductivo (leyes (L) subsumen explanandum (E) y explanans (E1...). E es necesario que ocurra y se explica por qué ha tenido lugar y, luego, por qué había de esperarse) y el método probabilìstico-inductivo (E es probable que llegue a ocurrir, por tanto se explica primero por qué se había de esperar o no lo ocurrido y, luego, se explica el por qué de lo ocurrido -debido a su alta probabilidad, así justifica determinadas expectativas y predicciones en vez de decir que explica lo que ocurre-). Se discute la aplicación del modelo a la explicación histórica.

2. A partir del segundo. Wittgenstein y de la filosofía del lenguaje ordinario, se desplaza el interés por la lógica y la epistemología hacia las funciones del lenguaje a partir de un abordaje centrado en sus usos, con acentos pragmáticos y contextuales, ya sin un sólo patrón lógico universal que lo domine.

Esto permite que la visión hermenéutica, dualista, sea recibida en libros como el P. Winch, “The Idea of a Social Science” (1958), donde se advierte que la conducta significativa está gobernada por reglas.

3. La epistemología naturalista, desarrollada por W. V. Quine en revisión de la tradición pragmatista y en polémica con R. Carnap, extiende el término epistemología para referirse no sólo a la teoría filosófico del conocimiento, sino también a los estudios científico-naturales de la cognición..

El filósofo naturalista comienza su razonamiento dentro la teoría del mundo heredado como algo que funciona bien. Trata de mejorar el sistema desde dentro, es el marinero atareado que va a la deriva en el barco de O. Neurath.

Las ambigüedades de Quine (a pesar de estar claramente en contra del nihilismo epistemológico desarrollado a partir de la obra de Kuhn) se expresan en diferentes posturas naturalistas:

a) Naturalismo reformista cientificista: deja en manos de las ciencias los problemas epistemológicos (la epistemología formaría parte de las ciencias naturales de la cognición).

b) Naturalismo cientificista revolucionario: los problemas epistemológicos tradicionales son ilegítimos y deberían sustituirse por nuevos proyectos científico-naturales (ante la imposibilidad de que la biología o la psicología pudieran resolver, p.e., por qué el poder de predicción es un indicativo de veracidad de una teoría, se intenta trasmutar los problemas en otros que sí podrían resolverse, p.e. S. P. Stich, “From Folk Psychology to Cognitive Science”, 1983).

c) Naturalismo reformista aposteriorista: naturaleza a posteriori del conocimiento le permite depositar confianza en la psicología (cuál es la evidencia que tiene un sujeto para sostener una creencia) y en la epistemología (que analiza concepto de evidencia y proporciona criterios, aspecto normativo , carácter conceptual y evaluativo de la epistemología.). La epistemología formaría parte de nuestro saber empírico.

4. Con el giro postempirista de la filosofía analítica de la ciencia, a partir de la “Estructura de las revoluciones científicas” de T.S. Kuhn (1962), la crítica del concepto de ciencia empírico-analítica está centrada en el hecho de que los datos no son separables de la teoría. El problema de la base empírica afecta también a la idea de refutación de K. Popper.

El lenguaje de la ciencia teórica sería, entonces, metafórico; la lógica de la ciencia, interpretación circular, reinterpretación y autocorrección de los datos en términos de teoría, y de la teoría en términos de datos. Así, ciencias de la naturaleza dependen, no menos que las sociales, de interpretaciones analizables bajo el modelo hermenéutico del Verstehen.

Entonces, no habría que atribuirle un puesto especial a la ciencia social.

4.1. Se podría agregar aquí a cierto naturalismo sociológico que, entre la filosofía del último Wittgenstein y el pragmatismo de Quine, y a partir de la filosofía postempirista, se desarrolla en un programa fuerte para la sociología del conocimiento.

Barry Barnes, David Bloor, Mary Hesse, entre otros, analizarán el empleo de recursos culturales para producir conocimiento. Este programa defiende la necesidad de explicaciones causales para todo tipo de creencias, verdaderas o falsa. Conocimiento, entonces, sería lo que los hombres tomar por tal. Esta visión se presenta como imparcial con respecto a la verdad. Exige aun explicaciones causales de conductas racionales. Considera que la determinación social no implica falsedad y, por esta vía, intenta evitar la paradoja del relativismo. El programa resguarda a la epistemología, que se mantiene a fin de determinar las reglas que cada sociedad acepta como racionales.

5. El interés por la acción humana se advertirá en obras como: William Dray, “Laws and Explanation in History”; “Intention”, de E. Anscombe; Danald Davidson, “Acciones, razones y causas”; G. E. von Wright, “Explicación y comprensión”; y en los desarrollos del marxismo analítico.

Acciones humanas, pueden o no ser entendidas como causadas, dando lugar, así a dos reconstrucciones:

a) Intenciones, motivos y razones asociadoa a causas; acciones a acontecimientos. (Este podría considerarse el camino de la obra de D. Davidson).

b) Motivos y razones asociados a acciones y acontecimientos con causas.
von Wright disocia la causalidad en el ámbito de la naturaleza de la causalidad, si estamos dispuestos a utilizar esta denominación, en el ámbito de la acción humana, sea individual o colectiva. Una conduce a la predecibilidad (el historicismo sería la vana búsqueda de la predicción histórica total) y la otra a la inteligibilidad (predeterminación y postdeterminación).

Jakko Hintikka diferencia los fenómenos no intencionales de los intencionales (dirección hacia un objeto o un contenido; cuentan con un ingrediente conceptual); donde se planten habremos de proceder a tareas de comprensión y no sólo de explicación. Un concepto es intencional si entraña la consideración simultánea - como paridad lógica- de varios estados de cosas, de cursos alternativos de acontecimientos: la semántica de los mundos posibles es la lógica de la intencionalidad. Así, no sería cuestión de las relaciones existentes en el mundo, descansa en comparaciones entre varios mundos posibles: es un asunto intermundano y no intramundano.

La comprensión vinculada a la intencionalidad, como categoría semántica, no psicológica, es la vía a partir de la cual von Wright proporciona una versión no causal de la intencionalidad de la conducta y de la explicación de la acción. Comprender una conducta como intencional sería, así,. encajarla en un relato histórico (story) acerca del agente, deviniendo las leyes sociales esquemas conceptuales para la interpretación de situaciones históricas. Los estudios sociales estarían situados entre la filosofía y la historia. En cambio, deja la explicación causal para dar cuenta de acontecimientos físicos y conductas materiales. De esta manera, enuncia un paralelismo metodológico entre leyes naturales (descriptivas, propias de las ciencias naturales que estudian fenómenos gobernados por leyes naturales) y reglas sociales ( normativas, propias de las ciencias. sociales queestudian fenómenos gobernados por reglas e instituciones sociales). (Algo similar ya había sido propuesto por J. Rawls.)

5.1. Los desarrollos de Jon Elster (ver “Marxism, Functionalism, and Game Theory”, 1982) pueden entenderse como un intento de compativilización del marxismo con la epistemología neopositivista; de las teorías causales con los abordajes intencionales de la acción; de la investigación empírica con los desarrollos de las disciplinas normativas (que recurren al método cero del que hablaba Popper).

Partiendo del individualismo metodológico (para el cual todos los fenómenos sociales -su estructura y su cambio- sólo son en principio explicables en términos de individuos -sus propiedades, sus objetivos, sus creencias-; lo cual no es incompatible con que los objetivos de unos individuos puedan afectar el bienestar de otros, con que a menudo los individuos tienen creencias relativas a entidades supraindividuales que no son reductibles a creencias relativas a individuos, y con que muchas propiedades de los individuos son relacionales -p.e., ser poderosos-) y oponiéndose al al funcionalismo fuerte (para el cual todas las instituciones o modelos de conducta tienen una función que explica su presencia, y esa función es latente, dando lugar a propósitos sin actor proponente y a una teleología objetiva), considera que hay tres tipos principales de explicación científica: la causal, la funcional y la intencional.

Todas las ciencias utilizan el análisis causal. Las ciencias físicas utilizan exclusivamente el análisis causal. Las ciencias biológicas también utilizan el análisis funcionall cuando explican la estructura o la conducta de los organismo por los beneficios que ella tiene para la reproducción. Este procedimiento está justificado por la teoría de la selección natural, según la cual tales efectos beneficiosos tienden a mantener sus propias causas. Por el contrario, el análisis intencional no está justificado en biología, porque la selección natural es básicamente miope, a diferencia de la capacidad de acción estratégica de los actores intencionales. Las ciencias sociales hacen un amplio uso del análisis intencional, al nivel de las acciones individuales. El análisis funcional no tiene cabida en las ciencias sociales porque no existe ninguna analogía sociológica con la teoría de la selección natural. El paradigma adecuado para las ciencias sociales es una explicación mixta, causal- intencional: una interpretación intencional de las acciones individuales y una explicación causal de su interacción.

6. El giro lingüístico (R. Rorty) e interpretativo (Paul Rabinow y Wiliam Sullivan) parece hacer de la filosofía y de las ciencias sociales un mero relato. Se anuncia el fin de la ilusión epistemológica.

v) Filosofías hermenéuticas

Para la hermenéutica, toda expresión de significado -manifestación verbal o no, artefactos, herramientas, instituciones, textos- se puede identificar desde una doble perspectiva:

a) como acontecimiento material (requiere un punto de vista externo que dice cómo son las cosas):

b) como objetivación inteligible de significado (demanda participar de acciones comunicativas).

En las ciencias sociales el hombre sería sujeto y objeto a la vez. La pertenencia a un mundo de vida -realidad simbólicamente predeterminada, horizonte formador de conceptos- va ligada a los presupuestos de la capacidad de lenguaje y de acción, lo cual haría pasar al sujeto del conocimiento social de una actitud objetivante, propia de los estudios de estados y sucesos físicamente medibles, a la actitud realizativa de un participante.

1. El neokantismo (Windelband, Dilthey, Rickert, Cassirer, ¿Kelsen?) predicó la diferencia entre las ciencias de la naturaleza y las del espríritu a partir de sostener un dualismo ontológico. Las ciencias del espíritu se basaráin en el Verstehen. A partir de que Th. Abel (en “The Operation Colled Verstehen”, 1948) entendiera el Verstehen como empatía, misterioso acto de introducirse en los estados mentales de un sujeto extraño, la experiencia comunicativa fue entendida como una teoría empática de la comprensión, dando lugar a una teoría intuitiva de la comprensión.

2. Para la fenomenología del conocimiento husserliana, todas las formas del conocimiento objetivante tienen siempre su fundamento en el mundo de vida, donde se da el saber pre-teórico, un marco categorial constitutivo del propio conocimiento científico. Así, se plasma un cierto monismo que hace del realismo una falsa autocomprensión y del objetivismo una práctica social alienada.

3. Para H. G. Gadamer (“Verdad y método”, 1960) se registra un dualismo: la hermenéutica estaría opuesta a la metodología. El problema de la compresión aquí se plantea en contextos no científicos: vida cotidiana, historia, arte, literatura, tradiciones. Aclara procesos de comprensión habituales. La hermenéutica, así, sería arte y no método. El mito por sobre logos funda un romanticismo que apela a la tradición. El carácter finito de la reflexión, vinculada a un contexto que articula lenguaje y tradición, posibilita la interpretación y la continuidad.

4. La escuela de Francfort (Th. Adorno, M. Horkheimer, H. Marcuse) asume un neohegelianismo y el abordaje holista del objeto sociedad. El método no dependería del ideal metodológico sino de la cosa. Las ciencias sociales deben pensar el todo, y lo deben hacer a la luz de una concepción de sociedad justa. Así, sus estudios fueron una crítica a la ideología de la racionalidad instrumental y unidimensional.

5. Desde cierto dualismo metodológico, compartido por A.Giddens y J.Habermas, frente a las ciencias de la naturaleza, se reclama un puesto especial para las ciencias sociales habida cuenta del papel metodológico de la experiencia comunicativa.

A. Giddens (“New Rules of Sociological Method”, 1976) sostiene que en las ciencias sociales se plantea una tarea específica, una doble tarea hermenéutica, al habérselas con un mundo pre-interpretado en donde la creación y reproducción de marcos de sentido es condición de aquello mismo que trata de analizar, la conducta social humana. Así, los problemas de comprensión no entran en juego a través de la dependencia de la descripción respecto de la teoría ni a través de la dependencia de los lenguajes teóricos respecto a paradigmas. Se da por debajo del nivel de la formación de la teoría: en la obtención y no sólo en la descripción teorética de datos.

La experiencia cotidiana -que a la luz de conceptos teoréticos y con la ayuda de operaciones de medida puede transformarse en datos científicos- está ya por su parte simbólicamente estructurada y es inaccesible a la simple observación. Es un problema más, que exige una etapa previa de interpretación, adicional a la interpretación que hace a la dependencia de datos respecto a un paradigma. El lenguaje observacional no sólo depende del lenguaje teórico: el observador -participante en los procesos de entendimiento- ha de servirse del lenguaje que encuentra en el ámbito objetual, lenguaje del cual no puede servirse como un instrumento neutral.

La distinción metodológica es, entonces, entre las ciencias que han de abrirse el acceso a su ámbito de conocimiento mediante la comprensión de lo que se dice a alguien y las que no tienen necesidad de tal cosa. Si bien todas tienen problemas de interpretación en la esfera metateórica, no todas lo tienen en la producción de datos.

De esta forma, la problemática del Verstehen provocada por la estructuración simbólica que de por sí tiene el ámbito objetual se origina debajo del plano en que se inicia para las ciencias de la naturaleza la reflexión metodológica.

5.1.- J. Habermas (sobre todo en “La lógica de las ciencias sociales”, 1982) se entronca, dándole un giro al pensamiento de la escuela de Francfort, con el pragmatismo de Peirce y Dewey, para sostener que la teoría de la ciencia no puede relegar al contexto de la psicología de la investigación los procesos de entendimiento que tienen lugar en la comunidad de comunicación de los investigadores. Debe tomarlos en serio dentro de la lógica de la investigación como el plano de intersubjetividad en el que se desarrollan las teorías. Así, plantea la conexión de los contextos de descubrimiento y de justificación, entre teoría de la ciencia, historia de la ciencia y sociología de la ciencia.

El saber preteórico no sería, entonces, meramente subjetivo o expresión de ilusiones: es constitutivo del plexo de la vida social simbólicamente preestructurada. Los conceptos teoréticos y las técnicas de investigación deben posibilitar su reconstrucción a través del análisis de las estructuras profundas que subyacen a la generación de contenidos o significados.

De esta manera, las dimensiones de la acción y del habla no tienen porqué anteponerse a la cognición. Además, las mismas estructuras que posibilitan el entendimiento proveen también a la posibilidad de un autocontrol reflexivo: potencial de la crítica. El reconstructivismo hermenéutico pretende explicitar las condiciones de validez de las manifestaciones, y tales reconstrucciones racionales pueden, con una autoridad legislativa indirecta, ejercer una función crítica. Tal autoconciencia crítica expresa el interés emancipatorio de la teoría crítica, su interés práctico.

La filosofía es entendida como mediación entre ciencia, moral, arte; entre las interpretaciones cognitivas, las esperanzas morales y las expresiones y las valoraciones. La filosofía administra las pretensiones de unidad y de universalidad. La epistemología, a su vez, cumple una función normativa ligada a la protección de la racionalidad.

Habermas, en contra de las ideas de sus maestros de la escuela de Francfort sobre la necesidad de una “nueva ciencia”, considera que la estructura lógica de la ciencia representa una objetivación de los elementos centrales del sistema regido por la acción instrumental. El problema, para él, no es la razón técnica sino su expresión y, por ello, demanda el cultivo de la comprensión reflexiva de la ciencia, sin rechazar el conocimiento empírico y/o analítico. De hecho, no reduce la investigación social a la comprensión de significados, sino que se asocia a un análisis de los sistemas sociales (trabajo y dominación) a través de un marcos empíricos y hasta funcionalistas.

Su actitud ante la ilustración, concebida como un aún no, como un proyecto inconcluso que debería ser, expresa una aproximación reflexiva a la tradición, transformando sus pretensiones de validez a través de la crítica, ejerciendo el distanciamiento. El hecho, entonces, de que la justificación dependa de las normas y de las costumbres sociales de un grupo no significa que éstas no puedan criticarse, ni que la justificación sea de algún modo subjetiva.

6. Sin embargo, la hermenéutica radical prescinde de tal pretensión de racionalidad y concibe dionisíacamente a la actividad intelectual. Si las ciencias. naturales superaron las discusiones metodológicas sinfín, en las ciencias sociales no habrá etapa paradigmática: sólo interpretaciones, mero subjetivismo romántico.

vi) Luego de las diferencias iniciales, se puede observar, cuando no la oposición radical, sí el entrecruzamiento de escuelas e influencias y, por fin, en la actualidad, parece primar la complementariedad, lo cual permite hablar de un consenso por superposición, sobre bases racionalistas moderadas y reflexivas (ver 5.- de cada registro), receptoras de la crítica a la Ilustración, pero defensoras de la misma. A su vez, se reconoce la persistencia de las posiciones románticas ( ver 6.- de cada registro).

vii) La ciencia, entonces, no es un castillo en el aire.

1. Es una institución sobre la cual existen diferentes descripciones:

- Como conocimiento racional (diferente de otras formas de conocimiento).

- Como empresa social ( fundada en el consenso social) y competitiva (compiten explicaciones en un marco organizado).

- Como práctica sociocultural (existe un conjunto de prácticas que la hacen posible), con estilos de pensamiento ( que preceden a las teorías científicas y las condicionan).

- Como actividad de interpretación de la naturaleza y de la sociedad (muestra cómo es creado el espacio de producción y circulación de los conocimientos, analiza las variaciones de los criterios históricos de racionalidad).

2. Tampoco lo es la epistemología, una disciplina que se ha institucionalizada en este siglo y que ha pasado de la estructura de las teorías científicas (unidad del producto: estructura formal), al estudio de la formulación de las teorías ( pluralidad de los procesos de producción) y a la sociología y a la política de la ciencia, dando cuenta de la atemperación del racionalismo normativo y de la defensa del ejercicio de la crítica racional, preservando su función evaluativa y ampliando su contenido empírico.

La razón tiene como tarea, en el campo de la epistemología, la demostración de los límites del conocimiento, tarea socrática y romántica a la vez. En ese trabajo, las brechas racionalistas contra la simplificación suelen ser entendidas como lo contrario (así, la filosofía de David Hume llegó a ser una de las fuentes del irracionalismo, como lo prueba el anális de su recepción por parte de J. G.Hamann realizado por I. Berlin, “The Magus of the North”, 1993).

(*) Abogado (Universidad de Buenos Aires), Doctor en Derecho, Profesor Adjunto de Filosofía del Derecho de la Facultad de Derecho de la UBA y de Epistemología de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.

Fuente: ídem. p.p. 208-216.
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